Leído Aprende a liberarte del estrés con GTD®

sleepingdogAyer finalicé la lectura del libro Aprende a Liberarte del Estrés con GTD®, de José Miguel Bolívar (@jmbolivar), uno de los referentes y maestro en productividad de habla hispana.

El libro me parece interesante y un complemento excelente a los de David Allen, ya que nos ayuda a comprender, profundizar y matizar aquellos principios de GTD® que no quedan del todo bien explicados en los de David Allen.

Pero del libro no quería hablar, porque creo que cualquier persona interesada en progresar en GTD® debería leerlo.

Quería hablar de los adjetivos con los que califica al cerebro y hacer mis propias reflexiones.

Del cerebro dice que “es un puñetero”, ya que nos va recordando repetidamente nuestros compromisos cuando no podemos realizarlos y cuando podemos cumplirlos, se nos olvidan. En este caso, nos habla principalmente de la memoria y de la perdida y recuperación de atención que se produce de forma aleatoria.

Otro adjetivo que le da al cerebro es el de “yonki”, ya que es adicto a tachar todas las tareas que puede, escogiendo aquellas que son más fáciles de realizar para poder eliminarlas de la lista y sentirse a gusto.

Yo llevo años pensando que el cerebro, de ser algo, sería un vago, pero un vago de los de aúpa, como dirían mis amigos de Málaga, “es más flojo que un muelle de guita”.

¿Y por qué lo digo?

Porque al cerebro no le interesa recordarte las cosas cuando puedes hacerlas, ya que las harías, eso sí, luego no podrás decirle al cerebro que no te las ha recordado.

El cerebro le gusta hacer muchas cosas, pero fáciles y que tengan poca carga de trabajo para él. Cuando a una persona poco amiga del trabajo se le dice que es un vago, recuerda rápidamente todas las cosas que ha hecho, y no es por el mero gusto de tachar cosas, es que está gritando: “mira todo lo que he hecho”. Asimismo, pues, él se siente satisfecho por todo lo que ha trabajado, pero te acabas engañando porque realmente te has limitado a eliminar las tareas que requieren menos esfuerzo.

Al cerebro no le gusta trabajar, por eso es tan amigo de la televisión, que le permite quedarse completamente anestesiado ante cualquier programa, especialmente ante aquellos de bajo contenido intelectual.

Lo gracioso es que el cerebro trabaja duro para ser un vago, por eso le encantan los hábitos, porque a la que aprende unas acciones mecánicas no tiene problemas en repetirlas. Que son malos hábitos o buenos no es lo importante, lo único que importa es hacer lo justito; y si ya sabes hacerlo mejor.

Pero que el cerebro sea un vago tiene su lógica, ya que su consumo energético supone el 20% del total consumido por nuestro cuerpo, cualquier sistema bien pensado procura que su consumo energético sea el mínimo posible, así que pensándolo bien, lo mismo hasta el cerebro es listo el tío.

Imagen de http://www.morguefile.com/.

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    • jmbolivar
    • 8/06/15

    Muchas gracias David. Me gusta mucho la perspectiva complementaria que planteas y la información que aportas. Lo «capturo» 😉

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