La ciberseguridad – nuevo valor a enseñar


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En una sociedad digital cada vez más hiperconectada, en la que cada vez se comparte más horas de video en youtube o se añaden más usuarios a facebook, los criminales han encontrado un nuevo entorno para ganar dinero. Al igual que somos conscientes que poner una puerta en una casa no impedirá a cualquier ladrón acceder a tu casa, debemos concienciarnos que poner una contraseña a un usuario, no detendrá a ningún criminal.

Es por ello que desde hace tiempo, tengo la costumbre de enviar a mis hermanos la información que pueda resultar fácil de entender y pueda resultarles interesante sobre ciberseguridad.

Siendo mi hermana profesora de lengua en un instituto, intento siempre concienciarla sobre la importancia de este tema, ya que creo que debemos empezar a culturizarnos todos sobre la ciberseguridad. Entender que peligros nos acechan y como actuan los cibercriminales puede salvarnos de un robo de identidad con los peligros que ello conlleva.

A raíz del último enlace que le quería enviar, he decidido hacer una recopilación de algunos enlaces de @chemaalonso, comprensibles para cualquier persona. Es información que podéis compartir con hijos o alumnos adolescentes que no sean conscientes de las personas malas que acechan en la red.

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La capacidad de atención está en tu interior


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Hace unos siete años, gracias a una formación en mi empresa, escuché por primera vez hablar de GTD como un sistema de productividad. Al poco tiempo me hice con una copia de Organízate con eficacia y empecé a visitar blogs de productividad.

A la vez que asimilaba los principios de GTD, intentaba aprender como era posible que nuestro cerebro reaccionara con tanta facilidad a la aplicación del sistema.

Poco recordaba de mi época de estudiante, así que empecé prácticamente de cero y todo lo que leía me parecía increíble.

La separación de tres cerebros formados en épocas diferentes cada uno encargado de unas tareas, algunas de ellas básicas hasta hace menos de 300 años, como es el miedo a la muerte o recordarnos que tenemos hambre, la capacidad de emocionarse o la capacidad espacial o la increíble imaginación.

Estar formándome durante el mismo tiempo en las dos áreas, me hizo darme cuenta del gran tesoro que está escondido en el Corteza Prefrontal.

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Contra la anestesia televisiva – gimnasia mental


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No hace mucho mantenía una conversación sobre los programas de televisión con unos amigos. Estas conversaciones normalmente tienden a derivar a los programas basura. Uno de los argumentos que se utilizaron para defender a las personas que los ven, es que les servía para no pensar, para dejar el cerebro anestesiado. Dejaban de pensar en sus preocupaciones y podían estar bastante tiempo viéndolos.

Me vino a la memoria aquella escena de la película Wall-e en la que se mostraba un futuro distópico humano en el que la gente en sus sillas se pasean por la nave sin tener contacto con los demás, totalmente abstraídos en la visualización de sus monitores.

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La efectividad tenía un precio


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Cuando llevas muchos años haciendo las cosas de una forma determinada, es muy complicado empezar a realizarlas de otra forma. Porque cambiar tus hábitos, requiere pasar por las cuatro fases del aprendizaje, y mucho esfuerzo mental y ese es del que nos cuesta mucha energía.

Es una lucha titánica, porque tu cuerpo quiere entrar en modo ahorro, y seguir con sus antiguas costumbres. Es tu dialogo interno, el que debe crear la realidad adecuada para crear las condiciones necesarias para que tu cerebro se esfuerce día tras día en repetir una y otra vez hasta interiorizar y cambiar un hábito por otro.

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Perdiendo el tiempo


file2841343361442Durante mi adolescencia me pase muchas horas jugando al ordenador. Eran unas horas que compartías con los amigos o bien copetías sólo contra la máquina. Durante esas horas, recuerdo a mi madre diciendo aquello de “hijo, deja de perder el tiempo y ponte a estudiar”. Pero aquello no era perder el tiempo, era aprovecharlo, otra cuestión es si era la opción más acertada, pero el tiempo lo vivías intensamente, tan intensamente que pasaba volando.

Podríais decir que estaba en el cuarto oscuro, procrastinando, y seguramente tendríais razón, pero en aquella época ni se escuchaba la palabra, así que estaba pasándomelo bien.

Con el transcurso del tiempo y unos pocos años más en las espaldas, lo que tengo claro es que “perder el tiempo” es otra de aquellas expresiones referentes al tiempo que dejan clara la falta de formación en efectividad que tenemos. Solo me faltaba que mi madre me hubiera metido un curso de gestión del tiempo para bordarlo.

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